Federico Manuel Peralta Ramos, artista único y mágico, por fin tiene su documental

Titulado El Coso, y dirigido Néstor Frenkel, el film podrá verse de hoy, jueves 22 de diciembre hasta el 4 de enero en el Gaumont.

Federico Manuel Peralta Ramos nació en 1939 en Mar del Plata en el seno de una familia tradicional. Acuariano, rubio y de ojos celestes, fue uno de los seis hijos de Federico Peralta Ramos y Adela González Balcarce Bengolea.
Con el tiempo, la inquietud por el entorno del arte, la vida nocturna y la gestación de las vanguardias pudo más, y lo empujó a recorrer los círculos de los jóvenes provocadores de los 60, esa década iconoclasta y desprejuiciada. Ya convertido en una anómala criatura del patriciado porteño, Federico fue uno de los más conspicuos ejecutores de la “desmaterialización” del arte al mejor estilo Marcel Duchamp.
Entendió, como pocos, que sólo hay mundo en el lenguaje. Y que del choque de las significaciones surgen las galaxias poéticas, esas iluminaciones que nos permiten soportar el absurdo de haber nacido. Con sus juegos de palabras, que lo revelan tan contemporáneo, iba y venía de la filosofía al arte. “Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir, canté sin saber cantar. La torpeza repetida se transformó en mi estilo”.

Artista único, exploró tantos géneros (pintura, escultura, poesía, teatro, show, comedia, filosofía y muchos otros fuera de manual) que se convirtió en una leyenda cuya luz ilumina hasta el futuro. Precursor indiscutido del arte performático, las vulgares clasificaciones de surrealista, transgresor, conceptualista, marginal, etc., equivalen a los intentos de la psicología de encasillarlo en un diagnóstico, indicarle una medicación y un tratamiento.
Podríamos describirlo como alguien que hizo de sí mismo una celebración ambulante del arte, un performer que hizo humor con amor, un dandy sin un peso en el bolsillo. Un ser único muy difícil de explicar ayer, hoy y siempre. su vida, como la de nadie, fue una obra con mayúsculas, labrada con la audacia del vanguardista y la paciencia del que sabe que la posteridad será suya.
Una de sus anécdotas más célebres tiene que ver con la prestigiosa beca Guggenheim, premio que ganó en 1968 pero que decidió despilfarrar en una gran cena en el Alvear, seguido de una noche de parranda. La institución, claro, reclamó el monto, pero él les escribió una carta que aun hoy se exhibe en la sede de la fundación en Nueva York. “Ustedes me dieron esa plata para que yo hiciera una obra de arte, y mi obra de arte fue esa cena. Leonardo pintó La última cena, yo la organicé”, escribió.
Hace ya un tiempo, la escena artística comenzó a revalorizar su legado, tuvo una importante retrospectiva en el Malba, se publicó una “biografía coral” (Del infinito al bife, de Esteban Feune de Colombi) y hoy llega por fin El Coso, documental que también apelará a la multiplicidad de testimonios para revisar y su vida y obra. Dirigido por Néstor Frenkel, el documental tendrá funciones todos los días a las 16 hasta el 4 de enero en el cine Gaumont.

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